Qué mandar a cada sitio
Cada semana te propone los envíos a cada bar: qué productos, cuántos y cuándo salen. Tú apruebas o cambias cantidades.
Para empresas con varios bares
Un gestor de inventario hace el trabajo repetitivo de un responsable de stock: mirar qué queda en cada sitio, calcular qué va a faltar y preparar el pedido. Arume Stock hace todo eso solo, cada semana o cada día, y deja a la persona lo que una herramienta no debería decidir sola: aprobar, cambiar con lo que sabe y fijar cuánto riesgo se acepta.
Se conecta al programa que ya usas
Lee lo que ya tienes, calcula el riesgo de quedarte sin cada producto en cada bar y te propone qué mandar. Tú decides.
Ventas, stock y envíos de tu programa, con un usuario que solo puede leer. Nada que teclear dos veces.
Con tu ritmo de venta, la temporada y lo que tarda un envío. Avisa cuando el riesgo pasa del nivel que tú fijes.
Qué mandar a cada bar, cuánto y cuándo, con el porqué. Lo apruebas, lo cambias o le preguntas «¿y si mando dos menos?».
Propone, explica, avisa y aprende de tus ventas. Y antes de contratar, lo ves funcionando con tus propios datos.
Cada semana te propone los envíos a cada bar: qué productos, cuántos y cuándo salen. Tú apruebas o cambias cantidades.
«¿Cuánto stock tenemos?», «¿por qué mandas a Gijón?», «¿y si mando dos menos?». Contesta con tus datos y dice de dónde sale cada cifra.
Ritmo de venta, lo que queda, lo que tarda un envío y el riesgo de quedarse a cero. Cinco pasos con cifras, en una frase cada uno.
Repetimos fechas pasadas de tu negocio con lo que se sabía ese día y comparamos lo que habría hecho el sistema con lo que hiciste tú.
Un mapa de cada producto en cada bar: lo que está a cero, lo que se acaba y lo que sobra. Ventas, envíos y márgenes en la misma pantalla.
Se conecta a tu programa con un usuario que no puede cambiar nada. Datos en la Unión Europea, copias diarias y exportación completa si un día lo dejas.
Hoy
Envíos de esta semana
8 bares, 164 unidades. Salen el martes.
8:00Aviso urgente · Gijón
Se queda sin Café grano 1 kg el miércoles. Quedan 2 bolsas y vende 5 a la semana.
Propuesta: mandar 12 hoy, llega el miércoles.
10:42Por videollamada. Te enseñamos el sistema funcionando y vemos tu caso: cuántos sitios, qué programa usáis y dónde se os va el stock.
Nos pasas una exportación de tu programa y en cinco días ves qué habría mandado el sistema en tres fechas pasadas frente a lo que mandaste.
Lo conectamos a tu programa, lo ajustamos con tus números y formamos a tu equipo. Entre tres y seis semanas.
La respuesta corta
Un gestor de inventario es la persona o la herramienta que decide cuándo y cuánto reponer en cada sitio. Con Arume Stock el reparto está claro: la herramienta lee los datos, prevé la venta, calcula el riesgo de rotura y prepara cada propuesta con su porqué; la persona la aprueba, la cambia con lo que sabe y fija las reglas de riesgo, presupuesto y campaña. Solo se automatiza del todo lo que tú decidas, con límites.
Por Manuel Gómez González, fundador de Arume · Revisado el
Leer ventas y stock, reconstruir el histórico, prever la venta de cada producto en cada sitio, calcular el riesgo de rotura y la cantidad a mandar, agrupar por camión o proveedor y ordenar la lista por urgencia. Sin que nadie lo lance.
Cada propuesta de pedido o de traspaso antes de que salga. Puede aceptarla entera, cambiar cantidades o quitar líneas. Nada se compra ni se mueve sin ese visto bueno.
El riesgo de rotura que se acepta en cada familia, el presupuesto de compra, los productos que no se tocan, las fechas de campaña y los proveedores preferentes. El gestor trabaja dentro de esas reglas.
«Manda 24 a Gijón: vende 9 a la semana, quedan 6 y el siguiente reparto es en diez días». Si la persona no está de acuerdo, ve exactamente en qué dato discrepa.
Si alguien corrige siempre la misma línea en el mismo sentido, el sistema lo anota y pregunta qué sabe la persona que él no sabe. Si es algo que se puede medir, pasa a ser un dato más.
En lugar de revisar mil líneas, la persona recibe lo que se sale de lo normal: riesgo alto, stock parado, un sitio que vende mucho menos de lo esperado. El resto, si quiere, se aprueba en bloque.
En muchas empresas, «gestor de inventario» es una persona: quien sabe qué hay en cada almacén, qué se va a acabar y a quién llamar para que llegue a tiempo. En otras es una herramienta que hace parte de ese trabajo. La pregunta útil no es cuál de las dos, sino qué parte hace cada una.
Lo que la persona hace mal no es por falta de criterio, es por volumen. Puede llevar de cabeza cincuenta productos en cinco sitios. Con dos mil productos en treinta sitios, decide bien los que conoce y deja el resto a una regla fija o a la intuición del encargado de turno. Lo que la herramienta hace mal es lo que no está en los datos: que un cliente grande va a cerrar en agosto, que el proveedor ha avisado de un retraso, que una obra se ha adelantado.
Pongamos un tostadero de café que reparte a bares, Tueste del Norte, con clientes en Oviedo, Gijón, Avilés, Santander y Lugo. Cada noche, Arume Stock lee lo que se ha servido y lo que queda en el almacén. Prevé lo que cada bar va a gastar de cada café y de cada consumible hasta su próximo reparto, con un margen de error. Calcula el riesgo de que a alguno le falte antes de la siguiente visita. Y prepara la carga de cada ruta y el pedido de café verde al importador.
Todo eso lo hace sin que nadie lo lance, y lo ordena por urgencia. Además vigila lo que se sale de lo normal: un bar que de repente gasta la mitad, un producto que lleva semanas sin salir, un lote de leche que se acerca a su fecha.
La persona aprueba cada propuesta antes de que se convierta en pedido o en carga. Puede aceptarla tal cual, cambiar cantidades o quitar líneas. Si en Santander hay fiestas la semana que viene y el sistema no lo sabe, sube la cantidad y lo apunta. La propuesta aprobada vuelve a tu programa.
Además, la persona fija las reglas dentro de las que trabaja el gestor: cuánto riesgo de rotura se acepta en cada familia (no es lo mismo quedarse sin café que sin servilletas), el presupuesto de compra del mes, los productos que no se tocan, las fechas de campaña y los proveedores preferentes. Esas reglas son decisiones de negocio y se quedan en manos del negocio.
Cada cambio que hace la persona se guarda. Si siempre baja la cantidad de un producto en un bar concreto, el sistema lo detecta y pregunta por qué. A veces la respuesta es un dato que se puede añadir («ese bar cierra los lunes desde marzo»), y la previsión mejora. Otras veces es criterio que no se puede medir, y se respeta.
También se mide al revés: si la persona cambió una propuesta y después hubo rotura o sobró producto, se ve. No para dar la razón a nadie, sino para saber en qué casos conviene fiarse más del cálculo y en cuáles más de la experiencia.
Hay líneas en las que revisar no aporta nada: consumibles baratos, con proveedor fijo y venta estable. Para esas se puede permitir que la propuesta salga sola, con un límite de importe y de cantidad por pedido. Todo lo que pase del límite, o lo que tenga riesgo alto, vuelve a la persona. Se empieza sin automatizar nada y se va soltando cuando la prueba lo justifica.
Hay herramientas que prometen gestionar el inventario solas. En la práctica, nadie deja el dinero de las compras en manos de algo que no explica lo que hace, y hace bien. Arume Stock separa con claridad lo que decide el cálculo y lo que decide la persona: el cálculo prepara, ordena y justifica; la persona aprueba, cambia y fija las reglas. Lo que se automatiza del todo lo eliges tú, línea a línea.
Lleva el control de lo que hay en cada sitio, decide cuándo y cuánto reponer, vigila lo que se queda parado y resuelve los descuadres. Puede ser una persona, una herramienta o las dos. Con Arume Stock, la herramienta hace el cálculo y la persona decide.
Puede, pero por defecto no lo hace. Las propuestas esperan la aprobación de una persona. Si quieres que algunas líneas salgan solas, por ejemplo consumibles baratos con proveedor fijo, se configura con un límite de importe y de cantidad, y todo lo demás sigue pasando por revisión.
No. Le quita el trabajo repetitivo de calcular y le deja lo que pide criterio: negociar con proveedores, decidir en campaña, saber que una obra se retrasa o que un cliente va a cerrar. Esa información, además, mejora las propuestas si se le cuenta.
Porque cada línea dice de dónde sale y porque antes de usarlo se prueba con tu histórico y en modo sombra, comparando lo que habría propuesto con lo que hicisteis. Cuando la persona y el gestor discrepan, se ve en qué dato.
La propuesta se revisa y se aprueba desde el navegador del móvil o del ordenador, y los avisos pueden llegar por WhatsApp a quien tiene que actuar. No hace falta instalar nada.
30 minutos por videollamada. Ves el sistema funcionando y te decimos si encaja con tu empresa.