Qué mandar a cada sitio
Cada semana te propone los envíos a cada almacén: qué productos, cuántos y cuándo salen. Tú apruebas o cambias cantidades.
Para empresas con varios almacenes
Para fábricas y distribuidoras de piensos, cooperativas agrarias y suministros agrícolas. Aquí el año no tiene una temporada: tiene la siembra, el abonado, los tratamientos, la cosecha y el invierno del ganado, y cada uno vacía una parte distinta del almacén. El programa aprende ese calendario con tus ventas de varios años y propone qué tener, cuánto y cuándo pedirlo.
Se conecta al programa que ya usas
Lee lo que ya tienes, calcula el riesgo de quedarte sin cada producto en cada almacén y te propone qué mandar. Tú decides.
Ventas, stock y envíos de tu programa, con un usuario que solo puede leer. Nada que teclear dos veces.
Con tu ritmo de venta, la temporada y lo que tarda un envío. Avisa cuando el riesgo pasa del nivel que tú fijes.
Qué mandar a cada almacén, cuánto y cuándo, con el porqué. Lo apruebas, lo cambias o le preguntas «¿y si mando dos menos?».
Propone, explica, avisa y aprende de tus ventas. Y antes de contratar, lo ves funcionando con tus propios datos.
Cada semana te propone los envíos a cada almacén: qué productos, cuántos y cuándo salen. Tú apruebas o cambias cantidades.
«¿Cuánto stock tenemos?», «¿por qué mandas a Lorca?», «¿y si mando dos menos?». Contesta con tus datos y dice de dónde sale cada cifra.
Ritmo de venta, lo que queda, lo que tarda un envío y el riesgo de quedarse a cero. Cinco pasos con cifras, en una frase cada uno.
Repetimos fechas pasadas de tu negocio con lo que se sabía ese día y comparamos lo que habría hecho el sistema con lo que hiciste tú.
Un mapa de cada producto en cada almacén: lo que está a cero, lo que se acaba y lo que sobra. Ventas, envíos y márgenes en la misma pantalla.
Se conecta a tu programa con un usuario que no puede cambiar nada. Datos en la Unión Europea, copias diarias y exportación completa si un día lo dejas.
Hoy
Envíos de esta semana
8 almacenes, 384 unidades. Salen el martes.
8:00Aviso urgente · Lorca
Se queda sin Pienso cebo 25 kg el miércoles. Quedan 5 sacos y vende 17 a la semana.
Propuesta: mandar 40 hoy, llega el miércoles.
10:42Por videollamada. Te enseñamos el sistema funcionando y vemos tu caso: cuántos sitios, qué programa usáis y dónde se os va el stock.
Nos pasas una exportación de tu programa y en cinco días ves qué habría mandado el sistema en tres fechas pasadas frente a lo que mandaste.
Lo conectamos a tu programa, lo ajustamos con tus números y formamos a tu equipo. Entre tres y seis semanas.
La respuesta corta
Un control de stock para piensos y suministro agrícola aprende el calendario de cada familia (siembra, abonado, tratamientos, cosecha e invierno del ganado) con tus ventas de varios años y propone qué tener en cada almacén, cuánto y cuándo pedirlo. Prevé los pedidos de los ganaderos que repiten, separa granel y sacos y calcula la compra de fitosanitarios y medicamentos veterinarios para venderlos antes de su caducidad o del fin de su autorización.
Por Manuel Gómez González, fundador de Arume · Revisado el
La semilla de cereal sale en octubre y noviembre, el abono de cobertera en febrero, los fungicidas en primavera, el maíz se siembra en abril y el pienso de vacuno sube cuando se acaba el pasto. El programa dibuja ese calendario familia a familia con tus últimos años, y lo corrige con lo que está saliendo estas dos semanas: si las lluvias retrasan la siembra quince días, la previsión se mueve con ellas.
Una explotación de cebo con mil plazas pide pienso cada dos o tres semanas, casi como un reloj. El programa aprende el ritmo de cada cliente y avisa de quién debería llamar esta semana y de quién lleva más días de lo normal sin pedir. Lo primero sirve para planificar fábrica y rutas. Lo segundo, para llamarle antes de que pida a otro.
El mismo pienso sale a granel en camión cisterna y en sacos de 25 kilos para el ganadero pequeño o la tienda. El granel se mide en toneladas y se descuenta por báscula; el saco se cuenta en unidades y ocupa palés. El programa lleva los dos por separado y prevé cuánto ensacar de cada fórmula para la semana, sin que el saco se quede meses en el almacén cogiendo humedad.
Un herbicida tiene fecha de caducidad y, además, una autorización que se puede retirar, con un plazo para venderlo y otro para usarlo. Una vacuna necesita frío y caduca pronto. Cada lote se guarda con sus fechas y la cantidad a pedir se calcula para venderla antes, no para llenar la estantería. El panel enseña lo que caduca en los próximos meses en euros, para moverlo a tiempo.
Si fabricas pienso, lo que vendes se traduce en maíz, cebada, harina de soja y correctores. El programa convierte la previsión de cada fórmula en toneladas de cada materia prima y semanas de silo, para que la compra al proveedor o en el puerto se haga con el consumo de las próximas semanas delante y no con el de la semana pasada.
La cooperativa con almacén en cada pueblo, el distribuidor con tres puntos de venta en la comarca. El programa prevé cada almacén con lo suyo y propone mover producto entre ellos antes de pedir más: el abono que sobra en un pueblo donde ya se ha abonado puede salir mañana en otro donde todavía no.
Las ventas, los albaranes y el stock salen de donde estén: el programa de gestión de la cooperativa, el de la fábrica, Sage, Odoo o un Excel por secciones. No hay que cambiar de programa ni volver a teclear las ventas del mostrador. El pedido aprobado vuelve a vuestro sistema.
Una tienda de ropa tiene dos temporadas al año. Un almacén agrícola tiene una por familia de producto, y se pisan. En septiembre se prepara la semilla de cereal y el abono de fondo; en noviembre empieza a subir el pienso para el ganado que ya no sale a pastar; en febrero toca la cobertera; en primavera, herbicidas y fungicidas, y la siembra del maíz y del girasol; en verano, la cosecha y lo que se vende alrededor de ella. Cada ventana dura unas semanas y, si llegas sin producto, esa venta no se recupera: el agricultor siembra con lo que encuentre en otro almacén.
El problema contrario también existe, y cuesta dinero de otra manera. Lo que sobra al cerrar una campaña se queda un año en el almacén, si es que se puede vender al siguiente: la semilla pierde germinación, el saco de pienso coge humedad, el fitosanitario caduca o se le retira la autorización. Por eso la pregunta en este sector no es solo cuánto pedir, sino cuánto pedir para vender dentro de una ventana concreta.
Hoy esa pregunta la responde, en casi todas las cooperativas y distribuidoras, una persona que se acuerda de cómo fue el año pasado. Funciona mientras esa persona esté y mientras el año se parezca al anterior. Un control de stock agrícola con IA hace la misma cuenta con todos los productos y todos los almacenes a la vez, y la corrige cuando el año viene distinto.
El programa mira varios años de ventas por familia (semillas de cereal, abonos de fondo, cobertera, herbicidas, pienso de porcino, pienso de vacuno, zoosanitarios) y por almacén, y dibuja cuándo empieza, cuándo llega al máximo y cuándo acaba cada campaña. No necesita que se lo digas: lo saca de las ventas. Lo que sí le dices es lo que las ventas no cuentan, como un cambio de proveedor o una sección nueva.
Después corrige ese calendario con lo que está pasando. Si este otoño llueve tarde y las ventas de semilla van por detrás de las del año pasado en las mismas fechas, el programa no da la campaña por perdida: entiende que va retrasada y desplaza la previsión. Si el pasto se agota antes y el pienso de vacuno empieza a subir en octubre, lo recoge en cuanto se nota en los albaranes. En plena campaña recalcula cada dos o tres días.
En piensos, buena parte de las ventas son de clientes que repiten. Una granja de cebo, una explotación de vacuno de leche, un cebadero de terneros: consumen según las cabezas que tienen y en qué fase están, y eso se ve en su historial. Quien lleva años en la fábrica sabe que tal ganadero llama cada veinte días y pide doce toneladas. El programa aprende eso mismo de cada cliente, con los albaranes.
Con ese ritmo se hacen dos cosas. La primera, planificar: si sabes qué clientes van a pedir la semana que viene y cuánto, sabes cuánto fabricar de cada fórmula, cuánto ensacar y qué materias primas van a hacer falta. La segunda, vigilar: cuando un cliente que pide como un reloj lleva diez días más de lo normal sin llamar, el programa lo marca. Puede ser una nave vacía entre lotes o puede ser que esté comprando a otro. En ambos casos conviene saberlo esta semana.
Para los clientes que compran de forma esporádica (el agricultor que se lleva cuatro sacos para las gallinas) el programa no intenta adivinar a la persona: prevé lo que sale en conjunto por el mostrador de cada almacén.
El pienso a granel se mide en toneladas, sale por báscula y se almacena en silos o en la tolva de la fábrica. El ensacado se cuenta en sacos, ocupa palés y aguanta menos tiempo en buenas condiciones. Mezclar las dos cosas en una sola cifra de stock es la manera más rápida de no saber cuánto tienes de verdad. El programa los lleva por separado y reconstruye el stock de silo con las entradas y las salidas, cuadrándolo cuando se mide.
Si fabricáis, la previsión de ventas de cada fórmula se convierte en consumo de materias primas: maíz, cebada, trigo, harina de soja, minerales y correctores. Con eso el programa dice cuántas semanas de silo quedan de cada una y cuándo hay que comprar contando lo que tarda en llegar, sea del almacenista de la zona o de un barco que descarga en el puerto. El precio lo negocias tú; la cantidad y la fecha salen de la cuenta.
Son los productos con más dinero por palé y con más riesgo de acabar en la basura. Un fitosanitario tiene fecha de caducidad y, además, depende de una autorización que se renueva o se retira; cuando se retira, queda un plazo para venderlo y otro para usarlo, y lo que no salga en ese tiempo se gestiona como residuo. Según el artículo 46 del Reglamento (CE) 1107/2009, si la retirada no se debe a la salud o al medio ambiente, ese período de gracia es de seis meses como máximo para vender y distribuir, y de un año más como máximo para usar o eliminar lo que quede. Un medicamento veterinario puede necesitar frío, caduca antes y solo sale con receta.
El programa guarda cada lote con su caducidad y, si la hay, la fecha de fin de autorización. La cantidad a pedir no se calcula para cubrir un mínimo, sino para venderla dentro de esa ventana con la previsión de la campaña. Y cada semana el panel enseña lo que se acerca a su fecha, con su valor, ordenado por euros: lo que conviene mover a otro almacén donde se vende más, devolver al proveedor si lo admite o empujar en el mostrador.
Lo que el programa no hace es sustituir los registros obligatorios de venta de fitosanitarios ni de dispensación veterinaria: eso lo sigue llevando tu programa de gestión. El control de stock lee de ahí y decide la reposición. El de fitosanitarios lo pide el Real Decreto 1311/2012 (artículo 25): cada entrega a terceros de un producto de uso profesional se apunta con fecha, producto, cantidad y comprador, y se guarda cinco años.
Una cooperativa con almacén en cada pueblo, o un distribuidor con tres puntos de venta en la misma comarca, tiene un problema que el almacén único no tiene: las campañas no llegan a la vez a todos los pueblos. En la zona de regadío se siembra antes que en la de secano; un pueblo abona cuando el de al lado todavía espera a que llueva. El mismo producto sobra en un almacén y falta en otro durante unas semanas.
El programa prevé cada almacén con lo suyo y, antes de proponer un pedido nuevo al proveedor, mira si otro almacén tiene producto que ya no va a vender en esta campaña. Si compensa el viaje, propone el traspaso. Si no compensa, lo dice también.
Ventas o albaranes por producto, almacén, cliente y fecha; el stock de hoy; las entradas de proveedor con fecha de pedido y de recepción; y, para lo que caduca, los lotes. Con dos campañas completas el programa ya dibuja el calendario de cada familia; con tres o cuatro lo afina. No se cargan datos personales del ganadero más allá de un código de cliente: para prever basta con quién pide, qué, cuánto y cuándo.
La primera fase es el diagnóstico: se limpian los datos, se reconstruye el stock y el programa vuelve a jugar tus últimas campañas sin conocer el futuro, comparándose con lo que hicisteis. Después, una campaña en modo sombra: propone cada semana y vosotros decidís como siempre. Si quieres saber antes si esto es para tu almacén, mándanos un export de ventas y stock y te devolvemos un informe corto: qué se quedó sin stock en plena campaña, qué sobró al cerrarla y cuánto hay cerca de caducar.
En el campo la temporada lo es todo, y no hay una sola: el abono, la semilla y el pienso de invierno siguen calendarios distintos. El predictor aprende la curva de cada producto semana a semana con tus ventas de varios años, agrupando los almacenes de la misma comarca. Si la siembra se retrasa, lo nota en las ventas de las dos últimas semanas y corrige la previsión.
En campaña puede recalcular cada dos o tres días en lugar de cada semana. Para fitosanitarios y medicamentos veterinarios, el coste de tener stock parado sube y el predictor tira a pedir lo justo. La explicación completa está en la página del predictor de stock.
Los programas de gestión agrícolas llevan bien el albarán, la receta y el cuaderno de campo, y mal la pregunta de cuánto tener en el almacén dentro de seis semanas. Ponen un mínimo fijo por producto que vale para febrero igual que para agosto. Este programa calcula la cantidad con el calendario real de cada familia y de cada almacén, sigue el ritmo de cada ganadero y pone la caducidad en la misma cuenta.
Para los clientes que piden con regularidad, sí, y con bastante acierto: una explotación consume según las cabezas que tiene y la fase en que están, y eso se nota en su historial de pedidos. El programa aprende cada cuántos días pide y cuánto, y lo ajusta cuando cambia (una entrada nueva de animales, una nave vacía). Para el cliente que compra de vez en cuando, prevé el conjunto, no a la persona.
El programa no predice el tiempo. Lo que hace es mirar lo que está saliendo estas semanas y compararlo con años anteriores: si la siembra va quince días tarde, la previsión se desplaza; si falta pasto y el pienso de vacuno sube antes, lo recoge en cuanto se nota en las ventas. Por eso en campaña recalcula cada dos o tres días y no una vez al mes.
Cada entrada se guarda con su lote, su fecha de caducidad y, si la autorización del producto tiene fecha de fin, también esa. La cantidad a pedir se calcula para venderla dentro de esa ventana. Lo que se acerca a la fecha aparece en el panel con su valor, para devolverlo al proveedor si lo admite, moverlo a otro almacén o venderlo antes. Las obligaciones de registro las sigue llevando tu programa de gestión.
Sí. Con la fórmula de cada pienso, la previsión de ventas se convierte en consumo de maíz, cebada, soja, minerales y correctores, semana a semana. Eso da cuánto silo queda y cuándo hay que comprar cada materia prima teniendo en cuenta lo que tarda en llegar. El precio al que compras es decisión tuya: el programa dice cuánto vas a necesitar y cuándo.
No. Lo normal es empezar por la sección que más dinero mueve o la que más problemas da (suministros, piensos o tienda) y ampliar después. El diagnóstico dice qué datos hay en cada sección y por dónde compensa empezar.
En toneladas, como lo lleváis vosotros: lo que sale por báscula en cada albarán y lo que entra en cada descarga. El stock de silo se reconstruye con esos movimientos y se cuadra con la medida que hagáis del silo cuando la haya. El ensacado se cuenta aparte, en sacos, porque se fabrica y se almacena distinto.
Casi todos los programas de cooperativas y de fábricas de pienso exportan ventas, albaranes y stock a Excel o CSV, y con eso empezamos. Si tenéis Sage u Odoo, nos conectamos directamente. En el diagnóstico se mira qué se puede sacar del vuestro y se decide la vía más corta.
Se presupuesta por fases, con precio cerrado tras el diagnóstico, cuando se sabe cuántos almacenes y secciones hay que conectar y cuánto hay que limpiar. La primera fase, diagnóstico y prueba con tus campañas pasadas, decide si el resto compensa, y sus resultados te los quedas aunque no sigas.
Sí, porque la venta sigue un calendario que se repite cada año, y eso es lo que un predictor aprende bien. Con dos o tres campañas de ventas por almacén y producto prevé la siguiente, calcula cuánto tener en cada almacén y avisa antes de que te quedes corto. Si un año viene adelantado o atrasado, lo corrige con las ventas reales.
30 minutos por videollamada. Ves el sistema funcionando y te decimos si encaja con tu empresa.