Cada web se habla antes de presupuestarse. Nos cuentas qué necesita tu negocio, lo estudiamos y te damos un precio cerrado, por escrito, que no se mueve hasta la entrega.
El precio se cierra antes de empezar.
Y no se mueve.
Antes de arrancar dejamos por escrito el alcance completo: qué entra, qué no y qué se puede añadir más adelante. A partir de ahí el precio es firme, y refleja lo que recibes, no las horas que nos lleva.
Empezamos con un contrato sencillo y un primer pago que reserva tu proyecto en la agenda. Sin letra pequeña y sin sorpresas a mitad de camino.
El presupuesto no depende del tamaño de tu negocio, sino de lo que la web tiene que hacer. Estas son las cosas que más lo mueven.
Y después de publicar.
La web no se acaba el día que se publica. Nos quedamos disponibles para mantenerla al día, actualizar contenidos y hacer los cambios que el cliente vaya pidiendo.
Sin permanencia: el mantenimiento se contrata cuando hace falta y se deja cuando no. La web es tuya desde el primer día.
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