Acceso, usuarios y permisos
Cada persona entra a lo suyo: cliente, alumno, equipo, administración. Registro, recuperación de contraseña y roles montados desde el principio, no parcheados después.
Cuando tu proyecto necesita hacer cosas y no solo contarlas: usuarios que entran a lo suyo, paneles, trámites, un campus o un área privada. Lo construimos a medida y con el mismo cuidado visual que ponemos en una web.
Presupuesto a medida · El código y los datos son tuyos · Sin permanencia
Las aplicaciones a medida se encargan a quien sabe hacerlas funcionar, y eso es lo que se recibe: una herramienta que funciona y da pereza abrir. Nosotros venimos del diseño, así que la pantalla que usa tu equipo ocho horas al día se trabaja como la portada de una web: qué se ve primero, cuántos clics hace falta, qué pasa cuando algo falla. La diferencia no se explica en una reunión, se nota al tercer día de uso.
Lo que hace falta para que se pueda usar de verdad, no una demo bonita.
Cada persona entra a lo suyo: cliente, alumno, equipo, administración. Registro, recuperación de contraseña y roles montados desde el principio, no parcheados después.
La parte de administración se diseña con el mismo cuidado que la que ve el cliente. Si tienes que pelearte con tu propio panel, la aplicación ha fallado.
Pagos, correo, calendario, facturación, la hoja de cálculo con la que lleváis medio negocio. Si tiene forma de conectarse, se conecta.
Base de datos propia, copias de seguridad y los textos legales integrados. Si la aplicación guarda datos de personas, eso se trata como lo que es.
Aquí está la diferencia: la mayoría de las aplicaciones a medida funcionan y son feas. Esta lleva tipografía, ritmo y motion, como cualquier web nuestra.
Se empieza por lo que resuelve el problema de hoy, en una base que aguanta lo de mañana. Añadir una pantalla dentro de un año no obliga a rehacerla.
Antes de dibujar nada: quién entra, qué hace, qué tiene que pasar después. La mitad de las aplicaciones caras lo son por no haber hecho bien esta parte.
Ves y pulsas las pantallas antes de que existan de verdad. Cambiar algo aquí cuesta una tarde; cambiarlo construido, semanas.
Se entrega en trozos utilizables, no en un único estreno final. Vas viendo la aplicación funcionar y decidiendo sobre algo real.
Publicación, formación para el equipo y acompañamiento las primeras semanas. Después, mantenimiento si lo quieres.
Una página web cuenta cosas; una aplicación web hace cosas. Si tu proyecto necesita que la gente entre con su usuario, guarde información, vea solo lo suyo o realice gestiones, es una aplicación. Y hay mucho terreno intermedio: muchos proyectos son una web normal con una zona privada dentro, que sale bastante más barato que una aplicación completa.
Depende del número de pantallas, de cuántos tipos de usuario haya y de con qué se tenga que conectar. Trabajamos a presupuesto a medida: nos cuentas el flujo, te decimos qué haría falta, qué dejaríamos para una segunda fase y el precio, y ese precio se mantiene hasta la entrega. Antes de eso no te damos una cifra al aire, porque no vale nada.
Una zona privada dentro de una web puede estar en tres o cuatro semanas. Una aplicación con varios roles, pagos e integraciones se mueve entre dos y cuatro meses. Antes de empezar te damos fechas concretas por fases, y la primera fase siempre es algo que ya se puede usar.
Con tecnología estándar y sin ataduras: código propio sobre herramientas mantenidas por gente que no somos nosotros, base de datos gestionada y despliegue automático. Nada de un sistema raro que solo sepamos tocar nosotros. Te explicamos en español plano qué lleva cada pieza y por qué.
Es lo que recomendamos. Se elige la parte que más duele —el trámite que os come la mañana, el proceso que se lleva a mano— y se monta primero. Funcionando y en uso, se decide lo siguiente con información en vez de con suposiciones.
Nosotros, si quieres: plan mensual con actualizaciones, copias, vigilancia y mejoras. Y si algún día prefieres llevarla por dentro o con otro equipo, el código y los datos son tuyos y se entregan. Sin permanencia.
Con el flujo por encima ya te podemos decir por dónde empezaríamos y qué dejaríamos para después. Sin compromiso.
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